Trump no pudo quitar por decreto un derecho protegido durante más de un siglo: que quienes nacen en territorio estadounidense son ciudadanos de ese país. Legalmente, perdió. Pero políticamente la historia es más compleja.
En el fútbol, como en las elecciones, la legitimidad de una contienda radica en que sus participantes salten a la misma cancha, con un mismo reglamento y bajo un arbitraje independiente e imparcial.